Tecnología, salud y smart pills

noviembre 18, 2009

Personalización cerebral. Visiones de un futuro cerebro-estimulado. Motivaciones detrás de las smart pills. Imaginad ser una persona de 55 años de Barcelona que tiene que competir con una de 26 de Mumbai. Este tipo de presiones está destinado a crecer. Siempre hay algún país más permisivo que aprobará primero los nuevos estimuladores cerebrales que se están desarrollando. Si hay una empresa con 47 oficinas alrededor del mundo y de pronto en la oficina en Singapur se comienzan a utilizar smart pills, la empresa dirá: “Vamos a pasar todas nuestras transacciones financieras a Singapur, ya que allí el uso de neuroestimuladores es legal”; y los legisladores dirán: “Bien, vamos a legalizar los neuroestimuladores aquí también.” Y entonces se empezará a debatir. Y pronto nadie dirá que no se pueden usar las smart pills. Sería como decir que no se puede utilizar el teléfono móvil porque aumenta la productividad. Si al final se decide que los neuroestimuladores funcionan y son básicamente seguros, ¿llegará un día en que su uso será obligatorio? ¿Los legisladores podrán obligar a algunas categorías de trabajadores (los médicos de urgencias, los controladores de tráfico aéreo) a tomarlos? (En realidad, la Fuerza Aérea de Estados Unidos ya pone el modafinilo a disposición de pilotos que participan en misiones largas.) La presión también puede ser más sutil: la sensación que se prueba cuando se piensa en los compañeros de trabajo jóvenes que toman Provigil para cumplir los plazos. El riesgo evidentemente es una sociedad en la que estaremos aún más sobrecargados de trabajo y tendremos que tomar drogas inteligentes para mantener el ritmo.

El uso de neuroestimuladores puede ser un asunto privado o algo común a un movimiento más amplio para el progreso humano. ¿Os preocupa pensar no tener la misma energía mental, la misma resistencia, la misma esponjosidad que recordáis haber tenido de jóvenes? Aunque la memoria es, probablemente, en su punto máximo justo después de los veinte años, pocos treintañeros se dan cuenta de un déficit. Si tenéis una novia nueve años más joven, ¿os preocupáis por un posible gap en la eficiencia mental? Seguramente queréis seguir siendo jóvenes y vigorosos y evitar convertiros en una carga en el futuro. Y no me refiero a los signos externos de la edad, sino al hecho de ser capaz de permanecer el mayor tiempo posible sano y rápido en la mente. Este es el dominio de los trans-humanistas, como el inventor y escritor futurista Ray Kurzweil. Los trans-humanistas están interesados en los robots, la criogenia y una vida muy larga; ven los límites biológicos, que muchos consideran aceptables o incluso deseables, como obstáculos frágiles a atacar y superar. Los trans-humanistas discuten estrategias para vivir más tiempo y los posibles beneficios de la neuroestimulación. Algunos se limitan a las vitaminas y los suplementos minerales. Otros toman Adderall, modafinilo o una droga llamada Piracetam. Los datos sobre los beneficios del Piracetam en personas sanas son prácticamente inexistentes, pero muchos de los que lo usan creen que favorece el flujo de sangre al cerebro.

Está claro que los neuroestimuladores tienen una utilidad práctica, pero también estéticamente pueden ser fascinantes. Es como personalizar de manera controlada y voluntaria el cerebro. Para algunas personas es importante mejorar el estado de ánimo y toman antidepresivos, pero para otra gente es más importante aumentar los caballos mentales. Se trata de una elección de conciencia. Si la década de los noventa y la actual son las de la personalización de la tecnología, la próxima será la década de la personalización del cerebro o mind hacking. Por supuesto la práctica de estimular el cerebro con la ayuda de varias drogas tiene una larga historia e incluye, antes de las prohibiciones de fumar, la cultura de la oficina como intoxicación colectiva de nicotina. Sin embargo hoy tenemos a disposición un conjunto de drogas más variopinto y complejo.

Dudas éticas sobre las drogas inteligentes. Habría quizás que procuparse si una persona toma un neuroestimulador para aprobar el examen de especialización para convertirse en, digamos, un neurocirujano, y luego dejara de usarlo. De lo contrario no veo el problema. Debemos tener una gran libertad para hacer de nuestros cuerpos y nuestras mentes lo que pensamos que es apropiado, siempre y cuando nuestras acciones no vulneren los derechos, libertades y seguridad de otros. ¿Por qué alguien debería querer poner un límite a las capacidades intelectuales de un ser humano? Especialmente en países con una sociedad y una economía basadas en el conocimiento. Pensemos en la complejidad de las tareas intelectuales que la gente necesita llevar a cabo hoy. ¡Ya no es fácil entender lo que los legisladores están haciendo! Es difícil evaluar la amplia gama de información científica, técnica y social. Si tenemos una herramienta que permite a la gente comprender el mundo con un mayor nivel de refinamiento mental, ¿cómo podemos ser prejuicialmente adversos? Me parece que es un problema que merece la pena ser debatido.

Mientras, voy a empezar a hacer uso de la neuroestimulación. Aricept, Provigil (modafinilo), Ritalin, Ampament, Minirin, Piracetam y Adderall son todos muy difíciles de encontrar en el supermercado. Comenzaré con suplementos que parecen relevantes para el funcionamiento del cerebro: néctar antioxidante de frutas rojas, Jarrow ChocoMind, 4Ever Fit Caffeine y otros que se puedan comprar en tiendas de alimentos de “salud” o por Internet. Cada mañana en el desayuno voy a tomar una mezcla con copos de avena, bayas, leche de soja, zumo de granada, semillas de lino, harina de almendras y proteínas en polvo. Todo rigurosamente vegetariano. El objetivo de esta receta es la eficiencia: un potaje para tener todo lo que se necesita, en términos de nutrición, para el cuerpo y la mente. El sabor es lo último que importa. Pero no sé por qué tiene que ser tan difícil encontrar todos estos ingredientes. De hecho vas al supermercado y los copos de avena no existen. Por no hablar de las semillas de lino. ¿Por que no existe una pizza antioxidante que se pueda cómodamente meter congelada en el horno?

Inútil preguntarse si la neuroestimulación nos hace sentir más inteligentes. Tal vez; pero no sabemos exactamente lo que significa ser más inteligente. Es una cualidad difícil de medir. La idea no es volverse expertos en el manejo de números, o recordar ciertos dígitos o una secuencia de números, sino ser capaz de mantener un estado emocional que nos lleva con placer a la labor intelectual. Sin tener que cuantificar el incremento de coeficiente de inteligencia. Los efectos de la neuroestimulación en sujetos normales se han analizado muy poco. La mayoría de los estudios publicados en revistas peer-review se centra en los efectos en pacientes con demencia, víctimas de accidentes cerebro-vasculares o de lesiones en la cabeza. De todos modos, si funciona, no es necesario esperar a la ratificación por parte de la ciencia.

Y la prohibición de los neuroestimuladores no tiene sentido. Hay demasiadas personas que los utilizan y quien los toma es generalmente una persona educada y privilegiada, que procede con cautela suficiente para no meterse en problemas. La comparación con la cirugía plástica es inevitable. En una sociedad de consumo como la nuestra, si las personas están debidamente informadas de los riesgos y beneficios de la neuroestimulación, entonces pueden tomar sus propias decisiones en términos de alteración de la mente, al igual que son capaces de decidir sobre la remodelación del cuerpo. De hecho la neurología estética, el dopaje cerebral, ya existe y no va a desaparecer. Los mismos científicos toman neuroestimuladores para escribir las propuestas de proyectos en que se basa su financiación. Al fin y al cabo, vales cuanto las ideas que has podido generar, así que mejor que sean muy interesantes, aunque impulsadas por drogas a su vez muy interesantes. Los neuroestimuladores son perfectos también para la ansiedad de competencia entre los trabajadores de oficina en una economía que tambalea. Y tienen una relación sinérgica con las tecnologías digitales, cada vez más desarrolladas: más gadgets tenemos, más nos distraemos y más necesitamos ayuda para concentrarnos. En general, la neuroestimulación no te abre las puertas de la percepción, no te hace sentir un genio. Te puede ayudar a resistir unas horas más si quieres terminar un proyecto, cuando solo deseas caerte en la cama; hace que consigas un 9 en lugar de un 8 en el examen de una asignatura donde te pasaste la mitad del tiempo enviando sms; te hace mantener viva la esperanza en algo mejor que el trabajo en el campo de la información que has encontrado después de la secundaria y que resultó ser mortalmente aburrido. Los neuroestimuladores no dan la libertad. Más bien promueven una forma de productividad nada romántica, y puramente eficientista. Y en muchos casos las drogas inteligentes se toman no tanto para quedarse despiertos hasta tarde para terminar una tarea que deberíamos haber acabado ya hace tiempo, sino para mantener la concentración, simplemente para tener ganas de trabajar más horas. Es de esperar que sea un trabajo que nos guste. Y que nos permita cambiar el mundo.

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